Esta semana hemos vivido uno de esos días mágicos que se quedan grabados en el corazón de la escuela. Enmarcado en nuestro proyecto intergeneracional, tuvimos el honor y el inmenso placer de recibir en la biblioteca a una visita muy especial: la abuela de Daniela.
Vino cargada de sonrisas, de paciencia y, sobre todo, de un tesoro cultural increíble: el arte de trabajar la lana.
Un viaje en el tiempo entre agujas y costureros.
La sesión comenzó con los ojos de nuestros alumnos abiertos de par en par. Nuestra invitada trajo consigo varios utensilios de labor de antiguamente. Fue fascinante ver cómo tocaban y descubrían herramientas que utilizaban nuestros mayores y que hoy en día parecen sacadas de un museo. Nos explicó con todo detalle cómo era el día a día de estas labores, despertando la curiosidad de grandes y pequeños.
¡Manos a la obra! (Y al tenedor)
¡Y llegó el momento de ponernos creativos! Nuestra experta tejedora nos preparó un taller práctico donde aprendimos que para tejer solo se necesitan ganas... ¡y a veces
cubiertos!
Madroños con tenedores: Sí, ¡habéis leído bien! Con la ayuda de un simple tenedor de cocina y un poco de maña, aprendimos a enrollar y cortar la lana para crear unos pompones y madroños chulísimos.
Nuestros primeros puntos: Después, pasamos al nivel avanzado. Con agujas en mano y mucha concentración, nos enseñó a tejer un trocito de labor utilizando un punto muy sencillo. ¡Hubo un ambiente de ayuda mutua precioso!
Un intercambio lleno de emoción
Para rematar una tarde perfecta, el taller terminó con dos detalles que nos emocionaron a todos. Por un lado, ella nos sorprendió regalando a cada uno una preciosa pulsera hecha con lana, un recuerdo físico de este día tan bonito.
Por nuestra parte, como ya es tradición en nuestros encuentros, quisimos devolverle tanto cariño con lo que mejor se nos da: la palabra. Le recitamos y le hicimos entrega de una poesía personalizada, escrita con todo nuestro corazón, inspirada en ella y en el precioso arte que había venido a compartir.
Despedidas como esta nos recuerdan que la escuela no solo está para aprender de los libros, sino también de las raíces y de la sabiduría de nuestros mayores. ¡Muchísimas gracias por tejer estos lazos tan bonitos con nosotros!







